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Cómo son las cubanas y los cubanos en el amor

Lo que hemos visto en 35 capítulos grabando citas reales en La Habana: cómo se liga, qué se dice de frente y qué tópicos no aguantan la cámara.

por el equipo de Wuaraactualizado el 8 de septiembre de 20269 min de lectura

Buscas esto y Google te devuelve dos cosas: páginas que venden mujeres como si fueran un catálogo, y artículos escritos por gente que no ha estado en Cuba. Nosotros llevamos desde 2025 grabando citas de verdad en La Habana —35 capítulos, desconocidos que se sientan uno frente al otro con una cámara delante— y esto es lo que se ve cuando miras mil horas de material.

Aviso de honestidad antes de empezar: un país no tiene una forma de querer. Once millones de personas no caben en un párrafo. Lo que sí se puede contar es qué patrones se repiten delante de una cámara cuando la gente lleva veinte minutos sentada y se le olvida que la están grabando. Eso es lo que hay aquí.

Lo primero: se dice de frente

La diferencia más grande, y la que más sorprende a quien nos ve desde España o desde México, es la velocidad a la que se dicen las cosas.

En una cita nuestra, el «no me gustas» llega en el minuto seis. No con maldad: con naturalidad. Y el «me gustas mucho» también. No existe casi la fase de insinuar, de mandar señales y esperar a ver si el otro las coge. Se dice, el otro responde, y a partir de ahí se decide si la conversación sigue.

Esto tiene una consecuencia práctica para quien llega de fuera: la ambigüedad se lee como desinterés. Si estás acostumbrado a un cortejo de tres semanas por mensajes, aquí vas a parecer que no quieres nada.

El tópico que más se cae: la mujer complaciente

Si has leído algo sobre esto en internet, seguramente venía la idea de la cubana dulce y disponible. En nuestras grabaciones pasa justo lo contrario, y es lo primero que le llama la atención a cualquiera que ve un capítulo entero.

Son ellas las que llevan la cita. Preguntan más, cortan antes y ponen los límites en voz alta. Cuando en Explota el globo una participante tiene que decidir si sigue o revienta el globo delante del chico, la mayoría no se lo piensa: lo revienta. Y lo explica.

El comentario que más se repite bajo nuestros vídeos, de espectadores de fuera, es alguna versión de «no me esperaba que fueran tan directas». Ese es el dato.

Ellos: muy buenos en los primeros diez minutos

Del otro lado el patrón también es claro. El hombre cubano tiene entrenada la apertura: el piropo, la broma, la seguridad para acercarse a alguien que no conoce. En los formatos donde hay que romper el hielo rápido, ellos van sobrados.

Donde se atascan es después. La conversación que pide contar algo de uno mismo —qué te da miedo, qué quieres dentro de dos años, por qué terminó lo anterior— es la que hace que muchos se refugien otra vez en la broma. Es tan visible que en el equipo lo llamamos «el minuto quince»: si a los quince minutos la cita sigue siendo divertida pero no ha bajado ni un piso de profundidad, no va a ninguna parte.

La pregunta que en Cuba pesa distinto: «¿tú te vas a quedar?»

Esta es la parte que ninguna guía escrita desde fuera cuenta bien.

En cualquier cita del mundo se habla de planes. En Cuba, hablar de planes es hablar de si te vas del país. No como tema tabú ni como drama: como logística. Casi todo el mundo tiene un hermano, una madre o un ex en Miami, en Madrid o en Ciudad de México, y casi todo el mundo ha hecho cuentas alguna vez.

Eso cambia la conversación. Dos personas que se gustan tienen que resolver, mucho antes de lo que sería normal en otro sitio, si su plan de vida está en el mismo país. Lo hemos visto romper citas que iban bien, y lo hemos visto acelerar otras hasta la velocidad de un noviazgo formal en dos semanas.

Si vienes de fuera y esa pregunta te aparece pronto, no es que te estén midiendo el bolsillo. Es que es la pregunta que aquí toca hacerse.

Sobre el tópico del interés

Hay que decirlo porque es lo que mucha gente está pensando cuando busca esto.

Sí, existe gente que busca una relación por conveniencia. Existe en Cuba y existe en todas partes; lo que cambia es la diferencia económica, que hace que en una pareja cubano-extranjera esa sospecha esté siempre encima de la mesa, la merezca o no.

Lo que hemos aprendido grabando es que la sospecha permanente destroza más relaciones que el interés real. Hemos visto a gente llegar a una cita ya defendiéndose de una acusación que nadie le había hecho. Y hemos visto parejas de nuestros capítulos —Gabriel y Kelly, Jonathan y Mell— que llevan juntos desde el primer programa y que empezaron sin ese ruido de fondo.

La forma sana de mirarlo es la misma que en cualquier otro sitio: mira los hechos, no el país. Si alguien solo aparece cuando necesita algo, eso se nota en Cuba y en Cleveland.

Cuatro cosas prácticas si vienes de fuera

  1. No confundas calidez con interés romántico. El trato cercano —el tuteo inmediato, el contacto físico al hablar, el «mi amor» de la señora de la cafetería— es cultura, no señal. Muchísimos malentendidos empiezan aquí.
  2. La conversación es un deporte de contacto. Se interrumpe, se sube el volumen, se discute de política y de béisbol en la misma frase. No es una discusión: es cómo se habla.
  3. Internet no es como en tu casa. Los datos móviles se pagan caros y por paquetes, y mucha gente contesta a ratos, cuando se conecta. Un mensaje sin respuesta durante seis horas casi nunca significa lo que significaría en tu país.
  4. La familia entra pronto. Conocer a la madre no es el paso número doce; a veces es el número tres, porque además es que viven todos en la misma casa.

Lo que de verdad hemos aprendido en 35 capítulos

Si tuviéramos que resumir en una frase lo que cambia entre una cita nuestra y una cita cualquiera de un programa extranjero: aquí se aburre menos y se miente menos, y las dos cosas van juntas.

La gente entra sabiendo que va a decir lo que piensa. El público lo nota, y por eso los capítulos donde alguien es incómodamente sincero son los que más se ven. La honestidad no es una virtud nacional: es que aquí la cortesía no obliga a fingir tanto.

Y esa es también la razón por la que acabamos haciendo una app. Después de cada grabación se nos quedaba fuera gente que quería participar, y cada vez más escribiendo desde fuera de Cuba. Un programa no escala a eso.

Preguntas frecuentes

¿Cómo son las mujeres cubanas en el amor?

Directas. En las citas que grabamos, la mujer suele decir antes y más claro lo que le gusta y lo que no, y corta rápido cuando algo no le encaja. El tópico de la mujer cubana pendiente de agradar no aparece casi nunca delante de la cámara: aparece lo contrario.

¿Cómo son los hombres cubanos en una relación?

Lanzados al principio y menos hablados después. Se les da bien la primera media hora —el piropo, la broma, romper el hielo— y se les atraviesa la conversación seria. En nuestros capítulos, la pregunta que más los descoloca no es íntima: es «¿y tú qué quieres dentro de dos años?».

¿Es verdad que los cubanos ligan más rápido?

Se saltan la fase de tantear, sí. La primera frase suele ser un piropo abierto en vez de una excusa. Pero rápido no es fácil: en las citas que hemos grabado, esa apertura veloz se enfría igual de rápido si detrás no hay una conversación que aguante.

¿Qué papel juega el dinero?

Está en la mesa, y no en el sentido del tópico. En un país donde emigrar es una posibilidad real para casi todo el mundo, la pregunta «¿tú te vas a quedar?» pesa más en una cita que en cualquier otro sitio donde hayamos grabado.

gratis, en android y iphone

la app de citas del programa

La hicimos porque en cada capítulo se nos quedaba gente fuera. Es la misma idea que grabamos: personas de verdad, con su cara y su nombre.

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